Una de mis líneas de pensamiento más frecuente es la sospecha de que la consciencia no tiene por qué estar limitada a un soporte orgánico. La verdad es que no conocemos otros soportes. Creemos que si no hay cerebro con sus neuronas, si no se dispone de algún sentido orgánico conectado al mundo exterior, no se puede tener una reflexión sobre el mundo y sobre todo, una reflexión de uno mismo. Ya saben, el afamado discurso ¿quién soy?
Hablar de otras propuestas, desconociendo ni siquiera su posibilidad, es muy aventurado, pero a mí eso me pone. Como decía, sospecho que hay otras formas de organización de la energía, llamémosles moléculas, átomos, partículas subatómicas, partículas cuánticas, fotones..., que en su singularidad puede producir consciencia de sí mismo.
Esta idea no es del todo novedosa. Ya se ha propuesto que la Tierra siente lo que le hacemos, pero no sé si se ha llegado a proponer que la Tierra tiene consciencia de sí misma. Seguro que sí. Lo importante de urgar más sobre la idea de que otra organización singular de la energía puede soportar consciencia puede dar mucho juego. Mis maravillosos fotones, que me traen de cabeza, ordenados o conectados en una especie de sopa cósmica, vagando por el cósmos preguntándose quién soy y adónde voy... realmente maravilloso. Luz consciente, ¿por qué no?
Hoy he vuelto a tener esta reflexión después de leer un artículo en TENDENCIAS21, como siempre no tiene nada que ver con la inspiración escrita: Animales en grupo actúan con un cerebro colectivo. He vuelto a sospechar que, aunque individualmente un fotón es un fotón y eso ya es mucho, una agrupación de fotones, además de ser la luz que nos da la vida todos los días, es consciente de lo que hace y el porqué lo hace.
Marcial ZO, Madrid 2007
lunes, noviembre 26, 2007
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